Opinión

Prohibido usar la palabra “tratar”… “Está prohibido decir voy a tratar.”

Opinión | 28/04/2026 | 16:16

Mario Elsner

La frase apareció al comienzo de la mañana, lanzada con la ligereza de quien propone un juego, aunque en el fondo no tenía nada de juego.

Estábamos en Tamarindo, Costa Rica, en los últimos meses del 2020, reunidos en un mastermind de empresarios donde, en teoría, habíamos ido a hablar de estrategia, crecimiento y negocios. Nadie imaginó que una sola palabra terminaría convirtiéndose en la conversación más incómoda de todo el encuentro.

El grupo era pequeño. Empresarios de distintos sectores, en su mayoría estadounidenses, compartían durante el día sesiones de trabajo y, por las noches, largas cenas en las que se discutían casos reales: compañías que querían venderse, sucesiones familiares mal resueltas, hijos que no querían heredar los negocios de sus padres. El ambiente tenía algo inusual. Tamarindo imponía otro ritmo. Allí las ideas parecían moverse más despacio, pero llegaban más lejos.

Yo había sido invitado por mi experiencia en mercados latinoamericanos. Durante horas hablamos de expansión, de cómo América Latina no se parece en nada a los modelos de negocio que muchos de ellos conocían. Pero todo eso quedó en segundo plano cuando Forbes Riley estableció la regla: cada vez que alguien dijera “tratar”, tendría que hacer lagartijas. (Push ups)

Hubo risas, claro. Parecía una ocurrencia menor, una dinámica para romper el hielo.

Dejó de parecer gracioso a los diez minutos.

La palabra estaba en todas partes. Alguien decía que iba a tratar de cerrar un acuerdo. Otro, que iba a tratar de mejorar su inglés. Otro más, que iba a tratar de dedicar más tiempo a su familia. Cada intento de explicación terminaba revelando lo mismo: nadie estaba diciendo que haría algo; todos estaban dejando abierta la posibilidad de no hacerlo, pero iban a “tratar”.

Las lagartijas empezaron a acumularse. También cierta incomodidad.

En algún momento, después de escuchar la regla repetirse una y otra vez, pregunté lo que varios pensábamos:

—Pero tratar al menos significa intención. Es mejor que no hacer nada, ¿no?

Forbes respondió sin dramatismo, casi como si dijera algo obvio:

—Cuando dices que vas a tratar, ya te diste permiso de fallar.

La mesa quedó en silencio.

Porque era verdad.

“Tratar” parecía una palabra inocente, incluso honesta, pero en realidad funcionaba como refugio. Era una forma elegante de protegerse del compromiso total. Sonaba responsable, sin exigir responsabilidad completa.

Desde entonces empecé a escuchar esa palabra de otro modo, sobre todo en el liderazgo.

Muchos líderes creen que su problema está en la ejecución, en el talento del equipo, en las circunstancias externas. Pero a veces el problema empieza mucho antes, en el lenguaje con el que formulan sus decisiones. Un líder que dice “voy a tratar de cambiar esto” todavía no ha decidido cambiar nada. Sigue negociando consigo mismo. Sigue dejando una puerta entreabierta para retroceder.

Y eso termina filtrándose a toda la organización.

Los equipos aprenden rápido a reconocer esa ambigüedad. Saben cuándo una instrucción nace de una decisión real y cuándo viene apenas envuelta en intención. Por eso tantas transformaciones fracasan antes de empezar: porque fueron anunciadas como intento, no como determinación.

Hay palabras que describen la realidad. Y hay palabras que la crean.

“Tratar” pertenece a las segundas.

Parece pequeña. Parece inofensiva.

Pero basta escucharla con atención para entender cuántas veces, detrás de ella, no hay compromiso sino escape.

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