El vino como objeto de colección
Hay botellas que no se guardan para beberse… se guardan para poseerse. El vino de colección es arte líquido, memoria embotellada y deseo convertido en patrimonio.
Como objeto de deseo, el vino ultra premium logra despertar interés de un cierto sector para convertirlo en algo similar a una pieza de arte. Los vinos son arte líquido cuyo valor se integra por la suma de tangibles e intangibles. El costo de compra (tangible) se ve superado con año por un tipo de cambio (tangible) y una evolución (intangible). Mientras más tiempo pasa más vale la botella porque se asume que el vino va mejorando, pero también más se aleja de su año de origen por lo que se va volviendo menos disponible, es decir, va adquiriendo el valor de “lo escaso”.
Década tras década, vamos volviendo material lo no material. Una región, un año en concreto, una cantidad limitada, un diseño de etiqueta y la ley de oferta y demanda colocan a acaudalados en posición de adquirir una etiqueta. Puede inclusive que el vino haya decaído, pues el vino no es eterno, aun así, solo el hecho de poseerla tiene valor.
El tiempo genera evolución, adquiere complejidad y mejoría. Se integra, se desvanecen las aristas, se entreteje en sí mismo, y eso tiene un valor agregado. El arte de intuir en qué punto lo abrimos y que el resultado sea excelso es parte de la seducción del saber coleccionar. Bebernos ese vino tocado, abrazado y modelado por el tiempo de guarda nos da la certeza de que el esfuerzo de guarda ha tenido éxito y que la posibilidad de subastarlo sucumbió ante nuestro hedonismo.
Una vez abierta y disfrutado el líquido la botella perderá valor, mejor dicho, transmitirá su valor a nuestra memoria y a nuestra experiencia.
¿Quién tiene la razón? ¿Quién dice que ese precio es justo y correcto? Esa es la magia de lo coleccionable; el deseo de quererlo tener, la necesidad de poseerlo, y el presupuesto para adquirirlo son razones suficientes.
Aquí los vinos que más coleccionables:
Romanée Conti es parte de la historia de Francia, y se ha convertido por mérito propio en una leyenda, es la corona de Borgoña, un monopolio en un terroir único. Uva Pinot Noir. Es el vino más anhelado del mundo y el que representa la mayor cifra de compra y subasta en el mercado.
Château Mouton Rothschild
Famoso por sus etiquetas que año con año son diseñadas por un artista diferente, este vino Premier Grand Cru Classé de la región de Pauillac en Burdeos es altamente coleccionable pues no solo el valor del líquido es único, sino que las etiquetas son codiciadas e irrepetibles.
Château Petrus
Para muchos la corona de Burdeos sin el título, pues no fue clasificado en 1855 cuando 5 vinos del Médoc fueron elevados a Premier Grand Cru Classé. Este icónico vino vecino del Médoc ubicado en Pomerol es altamente cotizado y codiciado.
Château D`Yquem
El vino dulce más famoso del mundo clasificado como Premier Cru Supérieur. Su fama antecede al de la región de Sauternes, la zona vinícola de vinos dulces provocados por el hongo de Botrytis Cinerea. Su capacidad de envejecer generando más complejidad lo hace excepcionalmente un artículo de colección de añadas antiguas.
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Screaming Eagle
El “vino de culto” (cult wine) más exclusivos, escasos y caro del mundo, produciéndose en la región de Napa Valley, California. Calidad excepcional, producción extremadamente limitada y puntuaciones perfectas lo han puesto en el radar de los coleccionistas.
Masseto
El Petrus de Italia Es un “supertoscano” de uva Merlot legendario producido en la costa toscana de Bolgheri. Reconocido por su intensidad, elegancia y exclusividad, alcanzando frecuentemente puntuaciones perfectas de 100 puntos por críticos internacionales.



