Dolly Parton: el estilo que la hizo inconfundible
Dolly Parton convirtió el brillo, las pelucas y los tacones en su sello personal. Así construyó una imagen que trascendió la música y las tendencias.

Dolly Parton convirtió el exceso en identidad
Dolly Parton perteneció a ese reducido grupo de artistas que no siguieron tendencias, sino que construyeron un universo propio. La cantante, compositora y actriz estadounidense, quien murió este 25 de agosto a los 80 años, dejó una carrera de casi seis décadas acompañada por una imagen tan reconocible como sus canciones: cabello rubio XL, uñas largas, tacones, escotes, prendas ceñidas, pedrería y mucho brillo.
Su fascinación por el glamour comenzó durante su infancia en Tennessee, donde creció en una familia de 12 hermanos y con pocos recursos. Sin televisión, cine ni revistas como referentes, encontró inspiración en una mujer de su pueblo cuyo cabello rubio, labios rojos, tacones y ropa ajustada llamaban su atención. Con el tiempo, aquella imagen se convirtió en uno de los pilares de la personalidad que Parton construyó para sí misma.
Antes de tener acceso a grandes presupuestos, experimentaba con productos y recursos caseros. Llegó a utilizar mercurocromo para pintarse los labios, cerillas usadas como delineador y madreselva como perfume. Las pelucas aparecieron después y terminaron convirtiéndose en una pieza fundamental de su estilo. Parton explicó a Vogue que prefería utilizarlas para evitar dañar su cabello con la decoloración y el peinado diario.
Dolly Parton llevó el glamour a los escenarios
De Jolene a sus grandes alfombras rojas
La ropa siguió la misma filosofía: colores intensos, lentejuelas, cristales, tacones y siluetas que resaltaban su figura. En 1974, para la portada de Jolene, apareció con un mono de rayas azules y blancas y una chaqueta de mangas voluminosas, confeccionados por Lucy Adams, una de las modistas con las que trabajó durante buena parte de su carrera.
Para el estreno de 9 to 5, su primera película, recurrió a la diseñadora Ann Roth. Eligió un vestido largo de encaje rosa, con escote sin tirantes, acompañado por un abrigo de plumas del mismo tono. Décadas después recordó aquel conjunto como uno de los primeros momentos en los que realmente sintió que estaba bien vestida.
Durante los años 80, su estética se volvió todavía más llamativa. Para sus programas de televisión Dolly Variety Show y Saturday Night Live, trabajó con Tony Chase, quien incorporó hombreras, tachuelas, volantes, colores intensos y grandes volúmenes. En el universo de Parton, la regla de “menos es más” simplemente no existía.
Dolly Parton hizo del brillo una declaración
Una imagen que trascendió las tendencias
Con el paso de los años, el rubio se hizo más intenso, el maquillaje cobró mayor protagonismo y las prendas adquirieron todavía más brillo. Lejos de moderar su imagen cuando se lo sugirieron, Parton decidió mantenerla como una extensión de su personalidad.
Uno de sus atuendos más recordados llegó en 2014, cuando se presentó en Glastonbury con un jumpsuit blanco diseñado por Steve Summers, cubierto de pedrería y transparencias. El conjunto conservaba su característico glamour, pero también estaba pensado para permitirle moverse con comodidad sobre el escenario.
En 2023, Vogue reunió parte de esta historia en Behind the Seams: My Life in Rhinestones, libro que explora la relación entre la vida de Parton y su vestuario. Entre las piezas aparecen diseños de Bob Mackie, Ann Roth y Lucy Adams, además de numerosos atuendos cubiertos de cristales y pedrería.
Más que una colección de prendas llamativas, el estilo de Dolly Parton fue una declaración de identidad. Su filosofía quedó resumida en reglas sencillas: no perseguir las tendencias, vestirse de acuerdo con las propias fortalezas, buscar inspiración en lugares inesperados y no subestimar el poder de una buena peluca.
Dolly entendió mucho antes de que el concepto de personal branding se popularizara que la imagen también podía contar una historia. La suya hablaba de seguridad, espectáculo y autenticidad: cabello XL, tacones, color, cristales y brillo para decir, sin necesidad de explicaciones, quién era.


