Opinión
Tendencia

La pelota vuelve a casa

Por Carlos Martínez Velázquez

Opinión | 10/06/2026 | 20:59

Hoy la Ciudad de México vuelve a recibir la inauguración de una Copa del Mundo. Ocurrió en 1970, volvió a suceder en 1986 y se repite en 2026. Ninguna otra ciudad ha tenido ese privilegio. Ningún otro estadio ha visto abrir tres veces el torneo más importante del planeta. Por eso decimos que la pelota vuelve a casa.


No es una frase publicitaria. Es una manera de nombrar una historia compartida.
El Estadio Azteca, hoy Estadio Ciudad de México, es mucho más que una cancha. Es un lugar donde millones aprendimos a emocionarnos frente a una pantalla, donde generaciones enteras descubrieron que un partido también podía convertirse en un recuerdo familiar. Ahí Pelé levantó la Copa del Mundo, ahí Maradona marcó el gol más bello de la historia y ahí también ocurrió la jugada más discutida del futbol. Son imágenes que forman parte de la memoria colectiva de México.


Nuestra relación con los Mundiales también ha dejado huella en la historia del deporte. Tenemos la costumbre de innovar cuando organizamos. México 70 fue la primera Copa del Mundo transmitida en televisión a color y desde ese momento el futbol nunca volvió a verse igual. El verde del pasto, el amarillo de Brasil y las banderas en las tribunas llegaron a los hogares del planeta con una fuerza visual desconocida hasta entonces. Dieciséis años después apareció el Balón Azteca, el primero completamente sintético en la historia del torneo, inspirado en el arte prehispánico y diseñado para resistir la humedad, la altitud y las exigencias de esta tierra. En aquellos días también nació la ola mexicana, ese gesto espontáneo que convirtió a miles de desconocidos en una sola multitud y que hoy se repite en estadios de todo el mundo. Y antes incluso de que el futbol femenino encontrara el reconocimiento que merece, esta ciudad llenó el Estadio Azteca para recibir el campeonato mundial de 1971, donde las mexicanas alcanzaron el subcampeonato y demostraron que la pasión por este deporte nunca ha entendido de barreras ni de etiquetas oficiales.


El Mundial que comienza pertenece a otra época. Es un torneo compartido entre tres países, seguido por miles de millones de personas y acompañado por una industria global que ha transformado el deporte. Sin embargo, hay algo que permanece intacto. El futbol sigue siendo una forma de pertenecer.
En esta ciudad ser Puma, Águila, Cementero o Azulgrana es una identidad que se hereda y se lleva con orgullo durante toda la vida. En un país marcado por profundas desigualdades, el futbol conserva una virtud extraordinaria. Nos recuerda que el talento puede cambiar un destino y que un niño de cualquier barrio puede imaginar un futuro distinto.


La Ciudad de México llega preparada para recibir al mundo. Se fortaleció la movilidad, se recuperó espacio público, se construyeron nuevas canchas y se realizaron obras que permanecerán mucho después del último partido. Pero el mayor legado de este torneo no será una avenida renovada ni una estación modernizada. Será la oportunidad de volver a mirarnos como una comunidad capaz de compartir la alegría.


Porque hay algo profundamente mexicano que aparece cuando celebramos. Los desconocidos se abrazan, las calles se vuelven una sola conversación y la fiesta termina reuniendo a personas que hace apenas unos minutos no se conocían. El futbol tiene esa capacidad de borrar distancias y recordarnos que siempre es posible encontrar algo en común.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:


Dentro de algunos años recordaremos el ambiente de estos días, las banderas, los cantos y las conversaciones improvisadas con visitantes llegados de todos los rincones del planeta. Recordaremos que durante unas semanas la Ciudad de México volvió a ser el centro del mundo y que millones encontraron aquí un motivo para sonreír juntos.


Porque en México los invitados rara vez se van siendo extraños.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

Artículos Relacionados

Back to top button