Ganar y ganar
Tras la declaración de Donald Trump sobre el fin de las hostilidades con Irán el pasado 1 de mayo, el análisis de los resultados arroja más dudas que certezas.
Sorpresivamente, y a la vez no, terminó la guerra de Estados Unidos con Irán. El pasado viernes primero de mayo, el presidente Donald Trump declaró ante el Congreso el fin de las hostilidades contra el país de Medio Oriente, aunque aclaró que el bloqueo continuará de manera indefinida.
El presidente estadounidense ha dicho en más de una ocasión que ganó la guerra; lo ha repetido tantas veces que me surge una duda: ¿realmente la ganó, o ya no sabe qué hacer para salir y quedar bien parado?
Cuando el conflicto inició, Irán no controlaba el Estrecho de Ormuz; es más, había paso libre y los buques de carga, petroleros e incluso militares podían navegar libremente.
Desde que comenzó la guerra, esto no es más que una ilusión. Ahora Trump dice que ganaron porque Irán ya no controla el estrecho y que “nunca lo hará”, pero lo irónico es que Irán no lo había controlado sino hasta que estalló la guerra.
Los “especialistas” habían dicho que Irán quería construir una bomba atómica, por lo que Trump decidió atacar para evitarlo, bajo la premisa de regresarlos a la Edad de Piedra si era necesario.
Irán sí tiene un programa nuclear apegado a las reglas de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), por lo que se pensaba que se usaría para fines pacíficos. El punto es que, si Irán no tenía en sus planes desarrollar un arma nuclear, después de los ataques de Estados Unidos esto se vuelve una prioridad.
Las bases de Estados Unidos fueron atacadas por misiles balísticos iraníes durante el conflicto, por lo que muchas quedaron dañadas o devastadas. Irán atacó 18 bases distribuidas en Medio Oriente, poniendo en riesgo a muchas ciudades; localidades en Bahréin, Qatar y Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, fueron algunas de las urbes que resultaron afectadas por daños colaterales.
El petróleo es un recurso vital para la supervivencia de los Estados y por el Estrecho de Ormuz pasa casi el 30% del crudo mundial. Por ello, la guerra y el bloqueo no favorecieron los precios, que llegaron a alcanzar los 120 dólares por barril, creando un alza en el costo de la gasolina que todo el mundo está sufriendo, especialmente sus aliados europeos.
Estados Unidos también perdió mucho material militar aéreo, con un valor aproximado de 2,079 millones de dólares, donde destacan un F-35 y un E-3 Sentry AWACS de espionaje. El Pentágono estima que la guerra costó, en total, unos 25,000 millones de dólares.
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Trump afirma y reafirma que ganaron la guerra, pero la verdad es que no veo qué ganaron. Irán, que no controlaba el Estrecho de Ormuz, ahora lo controla; Irán ahora sí tiene razones para crear un arma nuclear, si es que no las tenía antes; las bases en Medio Oriente están dañadas y sus aliados en la región, en Europa e incluso Canadá, están molestos.
Estados Unidos gastó una fortuna y no consiguió nada; Trump perdió cinco puntos de aprobación en los dos meses que estuvo en guerra.
Mientras Trump afirma y se divierte diciendo que tiene todas las cartas y ganó, Irán está lanzando ataques coordinados hacía Emiratos Árabes Unidos y embarcaciones que quieren cruzar el Estrecho de Ormuz. La supuesta paz y alto el fuego penden de un hilo. Sí, parece que Trump no se cansa de ganar y ganar.



