Flores, dragones y algo más…
Mi madre en el cielo…
Me está siendo difícil retornar a mis días, pero hoy tomo la “pluma” de nuevo.
Pasan los días, dieciséis para ser exactos, y sigo creyendo que esto es un sueño, que voy a despertar y va a estar ahí; entonces veo que no es un sueño, sino una “pesadilla”.
Regreso a mí, y entonces recuerdo que el plan de vida de cada alma que encarna en la tierra es perfecto, y va implícito su final, que la muerte es inevitable y la herida que nos queda a los que estamos también.
Que Dios toma a quien está listo para irse.
Nadie nos prepara para despedirnos de quien nos dio el primer aliento en la vida, nos dio la primera sonrisa y también el primer regaño.
Mi editor y amigo me decía no hay prisa, toma tu tiempo para volver a la sección, pero es necesario sacar la rabia de alguna manera y qué mejor que escribirlo.
Entonces, llega la soledad del duelo y el corazón en pedazos. Yo pensaba que ya había tenido el corazón roto en situaciones de amores fallidos, pero hoy me doy cuenta que el dolor real no lo conocía, es como que todo estalla en pedazos, pienso que me voy a sentir mejor con los días, pero no, los días pasan y no cede el dolor, siento que pasa todo muy rápido y yo estoy en cámara lenta. Mi cuerpo está tratando de adaptarse a una nueva realidad que no pidió.
El dolor desgarra, te arranca sonrisas, aliento, color.
Entonces llega el que hubiera hecho diferente: la “culpa”. Por qué esto y por qué no lo otro.
Esto no deja de doler, dicen que todo mejora con el tiempo, pero yo creo que no hay nada que hoy me aliviane ese dolor. Intentaré que pase el tiempo.
Juré que mi mamá viviría más; en el fondo sabía que no, que el tiempo se acortaba, que la evolucionen a la “Era de Acuario” es de trascender, pero no quise verlo en terrenal.
Tengo que tener estabilidad emocional porque la vida sigue, porque tengo una hija, porque tengo un papá, una pareja, una vida, la vida da golpes bajos, pero esto me hace saber que soy valiente; ahora puedo ver perfectamente que no tengo más tiempo para perderlo y para aguantar cosas que no debo tolerar de nadie.
Entonces te das cuenta que tenías un plan y la vida te dice en un “click” no, ahora tu vida va para acá.
La aceptación llega en momentos, no de golpe; el mundo quiere que te arregles rápido, algunos se van porque no saben cómo manejar su duelo, los recuerdos y la rutina que con ella te devoran en el día a día.
Entonces, ese dolor también te muestra que la vida está sucediendo aquí y en este momento. Que respiras. Que te duele porque amaste ese ser y eso es vida.
No me obligo a ser fuerte, respeto mis propios ritmos naturales, no hay prisa, estoy en duelo; hablo de mi duelo porque eso me ayuda, hablo de ella; se ha vuelto mi espacio favorito, recordarla en las noches con mi hija.
Su abuela, que tantos momentos tuvieron y tanto se quisieron, entonces ahí soy fuerte para ella, que la veo quebrada y tratando de sacar la cabeza a flote en medio de exámenes escolares.
Hablo con mi mamá. Sé que sabe que la estoy pasando fatal, que solo medio duermo y como, que no quiero forzarme en hablar con nadie, solo con ella.
No tengo que caer bien a todos. Me estoy cuidando, me estoy protegiendo, es parte de perder una parte esencial de mi persona que estaba implícita en mi vida cotidiana.
La vida durante un duelo, te enseña que aprendes a vivir con el dolor constante, que los duelos no son lineales, no todos los duelos son iguales, no te destruyen por completo para poder funcionar; mucha nostalgia, es un hueco que se va convirtiendo en un espacio sagrado.
Un día a la vez, no sé cuándo pero sé que, ¡vamos a estar bien!
Extrañarla también me ha ido transformando, y con esa transformación, algo se quedó conmigo; de estos últimos meses del estoicismo de mi madre, aprendí que en las mujeres opera en su contra, es justo lo que el mundo espera de nosotras: que seamos fuertes, que suframos en silencio, que resolvamos, que no hagamos ruido.
Que convirtamos el dolor en rutina y el cansancio en carácter.
Pero mientras más soportamos, menos urgente parece que algo cambie.
No romanticemos la resistencia, nadie tendría que estar resistiendo; esa es la trampa.
Mami sigue siendo mi faro mientras yo comienzo un nuevo ciclo, sabiéndote luz en todos mis polos.
Eligiendo vivir porque es la forma más hermosa que tengo para honrarte porque, ¡siempre amaste vivir!
Hoy a las que aún la tienen les digo: llámenla, visítenla, que sienta que su sacrificio valió la pena. Porque cuando ella no esté, ningún salario calmará la ausencia de su voz,
y ningún regalo comprará su amor.
Seguimos… estoy en proceso.




