Solamente una vez
Es irónico que el autor de la célebre canción “Solamente una vez”, Agustín Lara, que habla de amar una vez nada más en la vida, se haya casado por lo menos cuatro veces, una de ellas como popularmente se sabe con María Félix, y luego con la hija adoptiva de ambos, Rocío Durán. Todo un escándalo.
Pero qué nos extraña. ¿Acaso el amor no tiene formas muy raras de manifestarse? Somos la generación del divorcio. Será porque nuestra búsqueda del amor es inevitable. Y aunque fracasemos una o más de una vez en él, no dejamos de sentir la esperanza de encontrarlo, no importa la edad que tengamos.
Así como a nuestras abuelas en los años cuarenta y luego a nosotras en los noventa reinterpretados por Luis Miguel, nos endulzaron el oído con un montón de boleros llenos de promesas de amor, y las creímos, así también el cine de Hollywood y la literatura lograron que el amor romántico se nos colara por los ojos y los poros de la piel.
¿Será que se equivocó Agustín Lara y no vamos a amar una sola vez en la vida, aunque lo juremos frente al altar y lo firmemos delante de un juez? El amor no viene con garantía, pero sí con fecha de caducidad. Y, aun así, nos arriesgamos a vivirlo, a sentirlo, con el miedo y la seguridad de que nadie sale ileso de él. Pero la esperanza nunca muere. Y menos la esperanza del amor.
En su ensayo “Y es que nos amábamos tanto”, el escritor Leonardo Padura habla sobre los dos amores de su vida: su esposa Lucía López Coll y la escritura. De ambas dice: “Fue en 1978 cuando conocí a la que sería el ser humano más importante de mi vida, de la que me enamoraría desde entonces y sin la cual ni yo sería el hombre que soy, ni mi literatura la que es”. La fecha de caducidad de su amor no ha llegado, es su única esposa y llevan más de 40 años de casados.
Otra pareja que duró 46 años de matrimonio fue la de Jaime Sabines y Josefa Rodríguez a quien le dedica sendos y amorosos poemas: “Entre todas las gentes, tú y yo tenemos que caminar juntos, mirar al mundo juntos, sufrir, reír juntos”. Sabines es el referente poético obligado en estas fechas del amor.
Pero el no correspondido o tormentoso también puede ser el único. Así lo vivió Rosario Castellanos con su único esposo Ricardo Guerra, y se hace evidente en sus cartas, como ésta que le escribe desde Madrid en 1951, donde se nota sumamente enamorada: “Me hace usted una falta horrible. Lo amo. Y desde que recibo sus cartas tengo el doble de impaciencia por estar con usted, que antes. No deje de enviármelas. Me hacen horrorosamente feliz […] Lo amo, lo amo. ¿Por qué no se puede decir de otra manera? Lo amo”.
Afortunadamente ya no somos los del “hasta que la muerte los separe”. Algunos han tenido la fortuna de tener uno así, único y eterno, pero otros hemos tenido que seguir buscando hasta encontrarlo. Y cuando lo hallamos es verdad que todas esas canciones y todas esas frases y páginas de libros románticos y hasta cursis toman un nuevo significado. Es verdad que sí “hay campanas de fiesta que cantan en el corazón”. En eso Agustín Lara tenía razón.
Pero en estos tiempos donde el amor está devaluado, estar enamorada o enamorado no es debilidad ni cosa de soñadores. Estar enamorado en estos tiempos es valentía y es arriesgarse a compartir la felicidad con otra alma enamorada.
Sí, es muy probable que no vayamos a amar solamente una vez en toda nuestra vida, y no es un error, no es un fracaso. Nos equivoquemos o no que nadie nos quite la libertad de amar a quien, y como queramos, porque lo que sí es seguro es que nuestra existencia en este mundo es solamente una vez y qué mejor manera de vivirla que con mucho amor.




