
El otro día estaba pensando que, en un mundo globalizado, Estados Unidos pierde poder cada minuto que pasa. En el mundo multipolar en el que vivimos la Unión Europea, China, Rusia y Japón ya no dependen al 100% de la hegemonía y, en caso de ser necesario, se le podrían poner “al tú por tú” en ciertos temas.
Es un hecho que Estados Unidos poco a poco queda fuera del centro del panorama internacional. Sí era uno de los importantes, pero ya no el más importante; por lo que le urge que el mundo lo vuelva a ver en el centro, que dependan de él y que el mundo globalizado que conocemos deje de existir.
En esta línea, el pasado martes 22 de enero durante la inauguración de la 81° Asamblea General de la ONU, Trump dijo varias cosas que me llamarón la atención. Entre ellas, que gracias al “gran acuerdo” que hizo (o impuso) con Venezuela ahora controla más del 60% del petróleo global.
Esto es interesante porque la guerra con Irán está imposibilitando el flujo de petróleo principalmente a China, India, Japón y la UE. Y ahora que los hutíes bombardearon y cerraron el estrecho de Bab al-Mandab, la exportación de petróleo y de mercancías de Asia a Europa se acabó de complicar. En estas condiciones, y con el acuerdo recién firmado, Estados Unidos fácilmente puede suministrar el petróleo necesario a esos países y lograr que vuelvan a depender de él.
Por otro lado, señaló que alcanzó un acuerdo con Dinamarca para el control y la explotación de ciertos recursos en Groenlandia. Con esto busca reducir la dependencia de China, país que actualmente provee el 90% de las tierras raras, insumos clave en la fabricación de energía nuclear y armamento estratégico.
Asimismo, indicó que estaba próximo a firmar un acuerdo comercial de gran alcance con México, lo que podría posicionar a este país como el principal centro manufacturero de Estados Unidos y sentar las bases para modernizar el T-MEC -mismo tratado que meses atrás amenazó con abandonar para presionar a sus socios a renegociar-.
De ser cierta esta especulación, la estrategia de Trump distaría de ser errática o irracional. Mientras la tensión geopolítica con Irán se mantiene y el bloqueo en los estrechos estratégicos continúa, a pesar de las súplicas de sus aliados, sus decisiones parecen responder a un plan minuciosamente diseñado para volver a estar a la cabeza de la reconfiguración del orden internacional.
Sin embargo, para que esto pueda pasar y el proyecto continuar, tiene que superar un problema en lo inmediato: las elecciones intermedias que no se mueven a su favor.
Recordemos que, según la casa de apuestas Polymarket, tiene el 63% de probabilidades de perder el Senado y el 93% de probabilidades de perder la Cámara de Representantes. Si esto pasa, el proyecto muere y Trump y sus aliados, en el escenario más optimista, acabarán en la cárcel.
Si Trump quiere seguir con el proyecto tiene que actuar rápido ¿Tendrá un as bajo la manga para que los Demócratas no arrasen las intermedias?



