El misterio del número “0” y los dorsales más extraños de los Mundiales
Antes de las reglas estrictas de la FIFA, el orden alfabético y las supersticiones crearon las alineaciones más confusas de la historia.
En el fútbol moderno, los dorsales son una señal de identidad y marketing. Ver a un centrodelantero con el “9” o a un enganche con el “10” es la norma. Sin embargo, hubo una época donde la numeración en las Copas del Mundo parecía dictada por el azar o por experimentos burocráticos que dejaron imágenes difíciles de explicar para los aficionados actuales.
Desde porteros que jugaban con números de mediocampistas hasta el intento de usar el dígito más inusual de todos, la historia de las camisetas es un viaje por la excentricidad. A continuación, exploramos los casos que obligaron a la FIFA a poner orden en las vestimentas de los equipos nacionales.

Hicham Zerouali: El hombre que quiso ser el “Cero”
Uno de los casos más emblemáticos en la historia de los dorsales, aunque impactó las reglas globales, fue el de Hicham Zerouali. El delantero marroquí, mientras jugaba en Escocia, decidió utilizar el número “0” en su espalda. La razón era puramente creativa: su apellido comenzaba con “Zero” y su apodo era precisamente ese.
Aunque la FIFA terminó prohibiendo el uso del cero para estandarizar las hojas de alineación, el caso de Zerouali sentó un precedente. La organización determinó que los números deben ser enteros positivos del 1 al 23 (o el límite de convocados), evitando que el mercadeo o los juegos de palabras afectaran la claridad del arbitraje.
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Argentina y el experimento del orden alfabético
Si hubo una selección que desafió la lógica tradicional de los dorsales, fue Argentina en las ediciones de 1974, 1978 y 1982. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió que, para evitar conflictos de egos entre sus estrellas, los números se asignarían por estricto orden alfabético según el apellido de los jugadores.
Esto provocó escenas surrealistas en el campo. En el Mundial de 1978, el talentoso mediocampista Norberto Alonso portó el número “1”, un dorsal históricamente reservado para los arqueros. Por el contrario, el portero Ubaldo Fillol tuvo que jugar con el “5” en 1974 y con el “7” en 1982, rompiendo toda estética futbolística conocida.

La excepción de Diego Maradona y el fin de la regla
La regla del alfabeto en Argentina tuvo una grieta famosa en España 1982. Aunque por apellido a Diego Armando Maradona le correspondía un número cercano al 12, se hizo una excepción histórica para que pudiera lucir su legendario “10”. Fue el primer indicio de que el peso de la figura individual superaba a cualquier sistema organizativo.
Tras esa edición, la FIFA comenzó a sugerir con más fuerza que los números guardaran cierta relación con las posiciones en el campo, aunque permitiendo libertad. Sin embargo, la anécdota de ver a un equipo campeón del mundo con una numeración “al azar” sigue siendo uno de los datos más rebuscados de las estadísticas.
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Otros dorsales insólitos que hicieron historia
No solo Argentina experimentó; otras selecciones han tenido casos curiosos. En el Mundial de 2002, algunos jugadores intentaron utilizar números altos o combinaciones que hacían referencia a fechas especiales. Sin embargo, la FIFA cortó de raíz estas prácticas para facilitar el trabajo de los cronometristas y jueces de línea.
Hoy en día, el reglamento es muy claro: los números deben ser visibles, contrastar con la camiseta y seguir una secuencia lógica del 1 al límite de la lista. Aunque esto aporta orden, nos priva de ver nuevamente a un portero goleador con el número 11 o a un defensa central portando el número de un creador de juego.




