La comunicación como infraestructura estratégica del país
Eduardo Chaillo - Punto de encuentro
Los acontecimientos del pasado 22 de febrero en Jalisco, derivados de la captura de un líder
criminal, volvieron a recordarnos una verdad incómoda pero necesaria: en la industria de
reuniones y turismo, la percepción viaja más rápido que los hechos. Una imagen
descontextualizada, un video replicado sin verificación o una publicación malintencionada
pueden recorrer el mundo en minutos, mientras que la información confirmada suele avanzar
con mayor lentitud.
Es importante decirlo con claridad: sí hubo episodios delicados en determinados puntos y
momentos específicos. Pretender minimizarlo o ignorarlo no fortalece la confianza. Lo que sí la
fortalece es contextualizar: explicar la naturaleza focalizada de los hechos, la respuesta
inmediata de las autoridades, la rápida normalización operativa y la continuidad de las
actividades económicas y turísticas en las zonas estratégicas del destino.
No es la primera vez que enfrentamos una situación de esta naturaleza. Tampoco será la última.
La diferencia la marca la capacidad de reacción, la coordinación del mensaje y la claridad de los
datos.
En esta ocasión, vale la pena reconocer varios elementos positivos. El sector privado nacional,
hoy encabezado por una nueva dirigencia en el Consejo Nacional Empresarial Turístico y con la
participación activa de las principales asociaciones, actuó en coordinación con SECTUR,
entendiendo que el silencio o la dispersión de voces no son opción en momentos sensibles.
Hubo comunicación, hubo presencia mediática y, sobre todo, hubo disposición para cerrar filas.
Destaca también el papel de los campeones locales. La Secretaría de Turismo de Jalisco
reaccionó con rapidez estratégica, documentando y proyectando testimoniales de cientos de
residentes estadounidenses que viven temporalmente en Puerto Vallarta. Sus mensajes hablaron
de normalidad operativa, de recuperación acelerada, del carácter hospitalario de la comunidad
y de los atractivos naturales y culturales que siguen intactos. Ese tipo de comunicación es
poderosa porque combina datos con experiencia vivida.
La resiliencia del sector fue evidente. Operaciones aéreas restablecidas, hoteles funcionando,
eventos confirmados y una comunidad empresarial comprometida con sostener la actividad.
Sin embargo, cada crisis deja al descubierto una asignatura pendiente: México necesita una
estrategia unificada de comunicación en situaciones de contingencia.
No basta con reaccionar bien a nivel estatal o sectorial. Los mercados emisores —especialmente
los más sensibles, como el corporativo norteamericano— requieren mensajes consistentes,
articulados y respaldados por datos verificables. Los organizadores de incentivos y convenciones
no solo evalúan destinos; deben convencer a comités internos, asesores de seguridad
corporativa y, en última instancia, a los propios asistentes. La certeza se construye con
información oportuna, contextualizada y técnicamente sólida.
En un entorno donde la desinformación se multiplica, la narrativa país no puede fragmentarse.
Se requiere un protocolo nacional de comunicación de crisis que articule gobierno federal,
estados, sector privado, asociaciones, aerolíneas y representantes diplomáticos. Un sistema que
monitoree redes sociales detecte información falsa, emita aclaraciones rápidas y dialogue
activamente con medios y organismos internacionales.
También es indispensable el seguimiento técnico a las alertas de viaje emitidas por distintos
países. Estas deben estar contextualizadas a la realidad operativa y no basarse únicamente en
titulares o percepciones amplificadas. La industria puede y debe aportar datos duros: niveles de
operación, estadísticas de ocupación, movilidad aérea, indicadores de seguridad en zonas
turísticas y evidencia de normalización.
La comunicación en crisis no es un accesorio; es infraestructura estratégica. En el mercado de
reuniones, donde la planeación se realiza con meses o años de anticipación, la estabilidad
percibida es un activo tan valioso como un recinto moderno o una conectividad aérea eficiente.
Los hechos del 22 de febrero demostraron que existe capacidad de reacción y liderazgo local.
También dejaron claro que la coordinación nacional debe fortalecerse. México compite en un
entorno global donde los destinos que proyectan certidumbre y coherencia comunicacional
ganan terreno.
Reconocer los hechos, contextualizarlos con datos y comunicar con responsabilidad no es
debilidad; es madurez institucional. La resiliencia del sector es incuestionable. Ahora
corresponde institucionalizar esa resiliencia en forma de estrategia permanente. No se trata de
ocultar la realidad, sino de explicarla con rigor y proporcionalidad.
En momentos de incertidumbre, la hospitalidad y la infraestructura cuentan. La narrativa
coordinada y basada en datos cuenta aún más.




