Toque de queda y emergencia climática en Nueva York por intensa nevada
La ciudad de Nueva York enfrentó el fin de semana una tormenta de nieve de proporciones históricas que llevó a las autoridades a tomar medidas extraordinarias para proteger a la población.
La ciudad de Nueva York enfrentó el fin de semana una tormenta de nieve de proporciones históricas que llevó a las autoridades a tomar medidas extraordinarias para proteger a la población. El alcalde Zohran Mamdani decretó un toque de queda y un estado de emergencia ante el avance del sistema invernal, considerado el más intenso en la última década en la metrópolis y el noreste de Estados Unidos.
Desde la noche del domingo y hasta el mediodía del lunes se restringió la circulación de vehículos no esenciales en calles, autopistas, puentes y carreteras, con la finalidad de minimizar riesgos ante la combinación de fuertes nevadas y vientos violentos, que reducen la visibilidad y complican las labores de rescate y limpieza. La recomendación oficial fue permanecer en casa salvo en casos urgentes, mientras que los servicios de emergencia se mantuvieron listos para atender eventualidades.
También te pudiera interesar:
Las proyecciones meteorológicas hablaban de acumulaciones de nieve que podrían alcanzar entre 45 y 70 centímetros en distintos puntos de la ciudad y sus alrededores, con ráfagas que sobrepasarían los 100 kilómetros por hora. Estas condiciones también llevaron al cierre de escuelas y la suspensión de actividades educativas durante la contingencia, así como a la movilización de recursos para proteger a las personas sin hogar.

Los efectos del frente invernal fueron palpables en todo el noreste estadounidense. La tormenta paralizó gran parte del transporte, generó miles de cancelaciones de vuelos y dejó calles cubiertas por un espeso manto blanco, mientras que otros estados como Nueva Jersey y Boston también adoptaron medidas de alerta ante el avance del fenómeno.
Este episodio climático se suma a una serie de eventos extremos que han impactado la región en los últimos años, recordando la vulnerabilidad de las grandes ciudades ante tormentas intensas y el desafío que representa mantener operativas y seguras sus infraestructuras.




