En la víspera del Día del Amor y la Amistad, repasamos las broncas históricas donde el Guadalajara y las Águilas demostraron que en la cancha no hay lugar para el cariño.
Mañana es 14 de febrero, los chocolates abundan, las flores inundan las calles de México y el ambiente se llena de romanticismo puro.
Sin embargo, en la historia de nuestro futbol existe una rivalidad que desconoce por completo el significado de San Valentín: el Clásico Nacional.
A lo largo de las décadas, los enfrentamientos entre el Club América y las Chivas Rayadas del Guadalajara han dejado episodios memorables. Las muestras de afecto fueron sustituidas velozmente por empujones, patadas voladoras y auténticas batallas campales.
La madre de todas las batallas: semifinal 1982-1983
La liguilla de la temporada 1982-1983 es, sin lugar a dudas, el punto de ebullición máximo en la historia de esta intensa rivalidad.
Tras un partido de ida sumamente tenso, la vuelta disputada en el Estadio Azteca se salió totalmente de control. Roberto Gómez Junco, jugador rojiblanco, celebró un gol burlándose directamente frente a la banca americanista, lo que encendió una mecha imposible de apagar.
De inmediato, jugadores de campo, suplentes, cuerpo técnico y directivos se enfrascaron en una pelea monumental. Aquella tarde, el césped del Coloso de Santa Úrsula parecía más un ring de lucha libre que una cancha de Primera División.

Los puños de la década de los ochenta: 1986
Parecía que la lección de violencia estaba aprendida, pero tan solo tres años después, los ánimos volvieron a manchar el desarrollo del Clásico. En 1986, la tensión seguía a tope en el terreno de juego.
Fernando Quirarte, ícono indiscutible de la defensa del Guadalajara, y Carlos Hermosillo, en ese entonces joven promesa goleadora del América, protagonizaron un choque brutal.
Lo que comenzó como una disputa física y fuerte por el balón, rápidamente derivó en una lluvia de golpes entre ambos que contagió al resto del equipo. La imagen de los dos gigantes intercambiando manotazos quedó grabada en la memoria colectiva de la afición.
El orgullo por delante: Invierno 1999
Con la llegada del formato de torneos cortos, el nivel de tensión no disminuyó en lo absoluto. La pasión seguía desbordándose en cada jugada y el orgullo institucional pesaba más que nunca.
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Durante el torneo Invierno 1999, uno de los ídolos más pasionales y polémicos del americanismo, Cuauhtémoc Blanco, perdió los estribos ante la intensa marca tapatía.
Tras un roce físico constante con Felipe de Jesús Robles, Blanco reaccionó tirando un golpe que desató otra trifulca masiva ante la mirada atónita del árbitro. Las bancas se vaciaron una vez más.
Las Vegas no fue de vacaciones: amistoso de 2013
Si alguien pensaba que la paz reinaba cuando no había puntos o eliminatorias en juego, el año 2013 demostró todo lo contrario.
En un partido de carácter estrictamente “amistoso” disputado en Las Vegas, Nevada, la temperatura subió al máximo nivel posible sobre el césped.
Héctor Reynoso y Paúl Aguilar comenzaron con fuertes reclamos que pasaron rápidamente de los empujones a los manotazos. Esto provocó que los suplentes invadieran el terreno para unirse a la gresca, demostrando que ni en pretemporada se guardan cariño.

Un odio deportivo a prueba de San Valentín
Mientras el resto del mundo se prepara para celebrar el Día del Amor y la Amistad intercambiando regalos, los verdaderos aficionados saben otra cosa.
Jugadores y afición de ambas instituciones tienen claro que el respeto deportivo existe, pero el cariño es algo imposible cuando el balón rueda en un partido de esta magnitud.
Estas historias de altercados y broncas monumentales son el recordatorio perfecto de que el Clásico Nacional de México se vive al límite. El romance definitivamente puede esperar para después de los noventa minutos.




