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Irán al límite: protestas masivas, represión letal y la pregunta sobre el futuro del régimen

La escalada de manifestaciones, el aumento de víctimas mortales y las amenazas cruzadas con Estados Unidos reavivan el debate sobre una posible crisis terminal del sistema político iraní.

Protestas en expansión pese a la represión

Durante los últimos días, decenas de miles de iraníes han vuelto a tomar las calles en Teherán y más de un centenar de ciudades, según la Agencia de Activistas por los Derechos Humanos (HRANA). Las consignas, dirigidas directamente contra el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, reflejan un nivel de confrontación poco habitual incluso para los estándares de protesta en el país.

Las autoridades respondieron con uso de fuerza letal, arrestos masivos y un apagón casi total de internet, una táctica ya utilizada en protestas anteriores para dificultar la organización y la difusión de imágenes. En regiones sensibles como Sistán-Baluchistán, grupos locales denuncian que las fuerzas de seguridad dispararon contra manifestantes tras las oraciones del viernes.

El discurso del poder: “no cederemos”

El líder supremo Jamenei dejó claro que el régimen no está dispuesto a hacer concesiones, calificando a los manifestantes como “vándalos” y acusándolos de actuar para “complacer” al presidente estadounidense, Donald Trump. Desde Teherán, el gobierno sostiene que las protestas son alimentadas por Washington e Israel, en un intento de desestabilizar al país.

El Ministerio de Exteriores iraní ha insistido en la narrativa de la injerencia extranjera, mientras enfrenta un contexto internacional adverso: sanciones renovadas por el programa nuclear, debilitamiento regional tras la guerra con Israel y el desgaste económico interno.

Estados Unidos sube el tono

Desde Washington, el mensaje ha sido de respaldo explícito a los manifestantes. El secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró que Estados Unidos “apoya al valiente pueblo de Irán”, mientras que el presidente Trump lanzó advertencias directas al régimen, elevando el riesgo de una escalada verbal —y potencialmente militar— en un momento altamente volátil.

Estas declaraciones son utilizadas por el liderazgo iraní para reforzar su argumento de que las protestas no son un fenómeno puramente interno, sino parte de una ofensiva externa.

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La oposición y el llamado a ir más allá de la protesta

Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán y figura destacada de la oposición en el exilio, llamó a los manifestantes a pasar de la movilización simbólica al control efectivo de espacios urbanos, instando a “mantener los centros de las ciudades”. Este mensaje marca un punto de inflexión retórico, al sugerir una confrontación directa con el aparato estatal.

Sin embargo, dentro de Irán la oposición sigue fragmentada y carece de una estructura unificada capaz de traducir el descontento social en un cambio político inmediato.

¿Se aproxima la caída del régimen?

Pese a la magnitud de las protestas y el desgaste evidente del sistema, la mayoría de los expertos coincide en que el régimen iraní aún conserva herramientas clave de control: fuerzas de seguridad leales, un aparato de inteligencia robusto y experiencia en contener levantamientos populares.

No obstante, la combinación de crisis económica, aislamiento internacional, pérdida de legitimidad social y presión externa configura uno de los escenarios más complejos para la República Islámica desde su fundación en 1979. Más que una caída inminente, Irán enfrenta un proceso de erosión profunda, cuyo desenlace dependerá de la capacidad del régimen para sostener la represión y de si las protestas logran mantenerse y articularse en el tiempo.


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