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NASA detecta una formación “imposible” en luna de Júpiter, con patrón arácnido

Imágenes históricas de la sonda Galileo, reinterpretadas con nuevos modelos, apuntan a un proceso geológico ligado a fracturas del hielo y ascenso puntual de agua salada desde el subsuelo.

Una “araña” en el hielo que desafía la lógica

Europa, una de las lunas más grandes de Júpiter, volvió a colocarse en el centro de la discusión científica tras la reevaluación de una imagen captada por la sonda Galileo. En el interior del cráter Manannán, investigadores identificaron una marca radial que rompe con la uniformidad del paisaje helado y recuerda a una figura arácnida de proporciones inusuales.

Durante años, el rasgo fue catalogado como una irregularidad sin explicación concluyente. Sin embargo, un estudio reciente en The Planetary Science Journal propone un origen coherente con la geología de mundos helados: un impacto habría fracturado la corteza, permitiendo el ascenso fugaz de agua salada desde capas inferiores, que se congeló rápidamente y dejó impresa la silueta.

De anomalía a evidencia geológica

El trabajo, encabezado por Lauren McKeown (Universidad de Florida Central) y desarrollado con equipos del Jet Propulsion Laboratory, la Universidad de Brown y el Instituto de Ciencias Planetarias, combinó reanálisis de imágenes, modelos computacionales y experimentos de laboratorio.

Para contrastar la hipótesis, los científicos buscaron paralelos en la Tierra. El mejor análogo resultó ser las “estrellas lacustres”, patrones radiales que se forman cuando agua líquida rompe el hielo de lagos congelados cubiertos de nieve. La diferencia clave es la escala: en Europa, la estructura se extiende cerca de un kilómetro, muy por encima de los pocos metros que alcanzan sus equivalentes terrestres.

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Implicaciones para el océano oculto de Europa

Europa es considerada desde hace años uno de los candidatos más prometedores para albergar condiciones compatibles con la vida, debido a la probabilidad de un océano global bajo su superficie helada. La presencia de formaciones como Damhán Alla sugiere que ese océano no estaría completamente aislado, sino que podría interactuar ocasionalmente con la superficie mediante fracturas y episodios de ascenso de salmuera.

Este escenario ayudaría a explicar otros rasgos del satélite, como el terreno caótico, con bloques de hielo desplazados y reorganizados, y la relativa escasez de cráteres de impacto, señales de una corteza dinámica y en constante renovación.

Un objetivo prioritario para futuras misiones

Lejos de ser una prueba directa de vida, el hallazgo refuerza la idea de intercambio químico entre el interior y la superficie, un requisito clave para la habitabilidad. En ese contexto, Europa se consolida como un objetivo central para las misiones de exploración actuales y futuras de la NASA, que buscarán medir la composición del hielo, detectar plumas y comprender la mecánica del océano subsuperficial.

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