Un año nuevo, doce deseos y una industria que aprende a mirarse de frente
Punto de Encuentro/Por: Eduardo Chaillo, CMP, CMM, CASE, DES, CITP.

El inicio de un nuevo año invita al balance, pero también a la toma de postura. La industria de reuniones en América Latina entra a este ciclo en un contexto geoestratégico complejo: fragmentación global, reconfiguración de cadenas de valor, competencia por talento e inversión y una presión creciente por demostrar impacto real. Al mismo tiempo, la región muestra señales claras de madurez. Ya no se trata solo de crecer, sino de crecer con intención, entendiendo a las reuniones como una herramienta de posicionamiento, desarrollo y construcción de valor para los territorios.
Deseo que la industria gane claridad estratégica. Que deje de explicarse desde la coyuntura y se posicione desde una visión compartida sobre su aporte económico, académico y social, alineada con los objetivos de desarrollo de cada país y ciudad. El crecimiento sin estrategia es siempre vulnerable.
Deseo institucionalidad sólida: organizaciones técnicas, profesionales y estables, capaces de sostener proyectos más allá de los calendarios políticos y de articular al ecosistema local con coherencia. La continuidad es una ventaja competitiva silenciosa.
Deseo una profesionalización profunda, basada en estándares, conocimiento aplicado y criterio técnico. La improvisación ya no es una opción en un mercado global cada vez más exigente. La experiencia es el mínimo esperado.
Deseo que entendamos que promoción y estrategia se complementan. El awareness sigue siendo clave para América Latina, pero debe dialogar con una lógica de diversificación y selectividad que permita atraer los eventos adecuados, en el momento adecuado y por las razones correctas. La visibilidad necesita foco para generar valor; el foco necesita visibilidad para existir.
Deseo que los datos pasen del discurso a la decisión. Medir impacto económico, social y académico no como ejercicio decorativo, sino como insumo para diseñar políticas, justificar inversión y mejorar propuestas. Lo que no se mide, no se defiende.
Deseo una articulación real del ecosistema. Sector público, iniciativa privada, academia y comunidad operando como sistema, entendiendo que la competitividad se construye de manera colectiva. La competitividad no es individual; es sistémica.
Deseo que el capital intelectual local sea protagonista. Que científicos, académicos, líderes sociales, creativos y emprendedores se integren de forma natural a la narrativa y al legado de los eventos. Sin contenido local, no hay relevancia global.
Deseo una humanización genuina de la experiencia, donde el diseño ponga al participante en el centro, considerando bienestar, inclusión, diversidad generacional y calidad de interacción. La experiencia se mide en conversaciones, no en metros cuadrados.
Deseo sustentabilidad con sentido, integrada a la estrategia del destino: movilidad inteligente, impacto social tangible, uso responsable de recursos y gobernanza ética. La coherencia pesa más que el discurso.
Deseo que la tecnología sea entendida como infraestructura, no como moda. Conectividad, ancho de banda y condiciones digitales sólidas como base para la innovación que diseñan los organizadores. La creatividad florece cuando la base es confiable.
Deseo financiamiento continuo, firme y predecible para las organizaciones de destino, idealmente autogenerado, que les permita planear, atraer talento y sostener estrategias de largo plazo sin depender de la coyuntura. No se puede pedir impacto con presupuestos precarios.
Finalmente, deseo que la industria asuma con mayor conciencia su rol en el placing de América Latina. Cada reunión es una oportunidad para construir narrativa, reputación y sentido de pertenencia; para conectar a la región con el mundo desde sus capacidades reales, su diversidad y su talento. Cada reunión bien diseñada contribuye a posicionar territorios y a modelar el futuro de la región.





