
Lo que se vivió en Venezuela durante la madrugada del sábado 3 de enero es simplemente impresionante. En menos de dos horas Estados Unidos extrajo al presidente Nicolas Maduro de su domicilio para subirlo a un buque militar rumbo a Guantánamo para de ahí volar a Nueva York, donde se espera que inicie su juicio este lunes 5 de enero.
A las 10 am del mismo sábado, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se presentó ante los medios para dar a conocer el éxito de la misión y comunicar que tienen en custodia a Maduro. Comentó, además, que Estados Unidos administrará Venezuela hasta que existan condiciones óptimas para celebrar elecciones.
Más aún, Trump descartó pública y abiertamente a Edmundo González y a María Corina como los nuevos líderes del país latinoamericano. Asimismo, Trump explicó que las petroleras norteamericanas tomarán el control de las reservas de petróleo de Venezuela con el fin de llevar dinero y desarrollo económico.
Por último, durante la conferencia de prensa Trump “advirtió” (aunque pareció más bien una amenaza) que no está contento con el desempeño de Díaz Canel en Cuba ni Petro en Colombia; y que “habrá que hacer algo con la situación en México”. Este tipo de acciones me generan un par de dudas. ¿Para qué sirve el Derecho Internacional si a potencias como Estados Unidos no les interesa?
Dos de los principios básicos del Derecho internacional son la “no intervención” y el “no uso de la fuerza”. El primero prohíbe que un Estado se meta en los asuntos internos de otro, mientras el segundo rechaza las acciones militares sobre otro Estado. Está más que claro que Estados Unidos violó ambos principios. Irrumpió en la soberanía territorial de Venezuela e hizo uso de la fuerza al bombardear bases militares, puertos y aeropuertos.
Además, intervino en los asuntos internos de los venezolanos al despojarles de su Jefe de Estado. Es aquí donde me surge una segunda duda sobre la “soberanía”, ¿Qué Estado es realmente soberano? ¿Solo Estados Unidos, China y Rusia? Es decir, qué Estado puede realmente hacer y deshacer sin que otro pueda intervenir en sus acciones.
Lo que hizo Trump fue cambiar el panorama por completo. Marcó un precedente muy peligroso en épocas modernas. Desde 1990 Estados Unidos no intervenía en América Latina. La última vez fue para hacer exactamente lo mismo con Novoa, en Panamá. El problema acá es que Estados Unidos es tan fuerte y grande que solo dos Estados son realmente capaces de ponerle un alto: China y Rusia. Desgraciadamente, ninguno de los dos gobiernos se ha pronunciado, salvo para “condenar enérgicamente” los actos.
América Latina está en crisis, tenemos un gran problema. Si Trump fue capaz de intervenir descaradamente en Venezuela, transgrediendo su soberanía sin repercusiones, ¿por qué sería diferente con Cuba o con Colombia? Las próximas semanas y meses serán determinantes para la historia del continente. No podemos quitar los ojos de Venezuela. ¿Qué pasará ahora si Estados Unidos administra el país? ¿Realmente convocará a elecciones? La única certeza, por lo pronto, es que Venezuela es un desastre.
Trump ha desafiado nuevamente el orden internacional y las instituciones que de ella emanan. La ONU no ha podido hacer frente a esta crisis, nuevamente. La OEA, por su parte, está igual. Es bien sabido que la tensión política en Venezuela era mucha, pero nadie se esperaba que Estados Unidos en menos de dos horas escribiera un capítulo entero en los libros de historia y que de un manotazo cambiara el rumbo de América Latina y el mundo. Creo que después de esto, nada volverá a ser igual. Vamos lentos, pero seguros, a un mundo mucho menos globalizado y más hostil.





