El paraíso prohibido de Brasil donde “aterrizar es no salir”: Conoce la Isla de la Queimada Grande

A solo 33 kilómetros de la costa de Sao Paulo se encuentra el lugar más mortífero del mundo; el acceso está totalmente restringido por la Marina para evitar una muerte segura.
En el imaginario del viajero, Brasil es sinónimo de playas paradisíacas, caipiriñas y carnaval. Sin embargo, frente a las costas del estado de Sao Paulo, existe un pedazo de tierra que luce idílico desde el aire pero que esconde una realidad de pesadilla. Se trata de la Ilha da Queimada Grande, conocida popularmente como la “Isla de las Cobras”, un destino que ostenta el título del lugar más peligroso del planeta y donde el turismo no es una opción, sino una sentencia de muerte.
A diferencia de otros destinos de aventura donde el riesgo es controlado, aquí el peligro es biológico y absoluto. La isla está deshabitada por humanos, y por una buena razón: es el hogar exclusivo de una de las serpientes más venenosas y evolucionadas de la Tierra. Aunque muchos aventureros sueñan con pisar sus costas, el gobierno brasileño ha prohibido terminantemente el desembarco de civiles.
El reino de la “Punta de Lanza Dorada”
La dueña y señora de este territorio es la Bothrops insularis, o víbora de punta de lanza dorada. Esta especie quedó aislada en la isla cuando el nivel del mar subió hace unos 11,000 años, separándola del continente. Para sobrevivir sin depredadores terrestres pero con pocas presas, la serpiente tuvo que evolucionar drásticamente.

Su veneno se volvió hasta cinco veces más potente que el de sus parientes continentales. La razón es macabra y eficiente: al alimentarse principalmente de aves migratorias que descansan en los árboles, la serpiente necesitaba un veneno capaz de matar casi instantáneamente para que el pájaro no tuviera tiempo de volar y morir lejos de su alcance. Se estima que hay entre una y cinco serpientes por metro cuadrado en algunas zonas de la isla, lo que hace virtualmente imposible caminar sin toparse con una.
¿Por qué está prohibido el turismo?
La Marina de Brasil controla estrictamente el acceso a Queimada Grande. No hay hoteles, no hay senderos y no hay guías turísticos. La entrada solo se permite bajo dos excepciones muy rigurosas: personal de la Marina que acude anualmente a mantener el faro (que está automatizado desde hace décadas) e investigadores científicos con permisos especiales del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad.
Incluso para estos grupos selectos, las reglas son estrictas: es obligatorio ir acompañado de un médico con suero antiofídico específico. La mordedura de la lanza dorada puede causar insuficiencia renal, necrosis muscular severa (el veneno derrite la carne humana) y hemorragias cerebrales en menos de una hora. La leyenda local cuenta que el último farero que vivió allí con su familia murió tras ser atacado por serpientes que entraron por las ventanas, razón por la cual el faro se automatizó.
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El nombre “Queimada” (quemada) proviene de los intentos fallidos de antiguos pescadores que trataron de prender fuego a la vegetación para ahuyentar a las serpientes y poder cultivar plátanos, un esfuerzo inútil ante la densidad de la población de reptiles.
Aunque no se puede turistear, la isla atrae a un tipo de visitante indeseado: los “biopiratas”. Debido a que la Bothrops insularis solo existe en este lugar del mundo, es sumamente codiciada en el mercado negro internacional de coleccionistas y científicos sin ética, donde un solo ejemplar puede valer miles de dólares. Por ello, la vigilancia no es solo para proteger a las personas de las serpientes, sino para proteger a las serpientes de la extinción, manteniendo este “infierno verde” como un santuario biológico intocable.





