Política

Rosa Icela Rodríguez manda solemne durante la Conferencia del Pueblo

Política | 29/10/2026 | 12:22
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Muy buenos días, Presidenta Claudia Sheinbaum.

Muy buenos días tengan todas y todos.

La trayectoria de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano tiene un significado histórico para México y para los pueblos de América y el mundo.

Nació el 1 de mayo de 1934 en la Ciudad de México, hijo del entonces presidente, general Lázaro Cárdenas, y doña Amalia Solórzano.

Ingeniero civil por la UNAM, hablaba varios idiomas y tenía una amplia cultura.

Su lucha influyó profundamente en el México de hoy. Reconocemos en él a un hombre que marcó la transición a la vida democrática y dejó una huella en la transformación de nuestro país.

Su ejemplo demuestra que las convicciones adquieren sentido cuando son puestas al servicio del pueblo.

Su formación universitaria y sus responsabilidades como senador y gobernador de Michoacán le permitieron comprender la problemática de la nación y entender que la democracia exige perseverancia, y que una causa justa necesita personas con arrojo y decisión, como cuando creó, años después, una corriente dentro del PRI, la corriente democrática, junto con Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo, entre otros luchadores sociales.

Meses después rompería con el partido oficial para irse en un periplo por el país en su intención de cambiar esquemas en la lucha por una nación más justa.

En un hecho inédito, agrupó a varios partidos políticos cuando fundó el Frente Democrático Nacional, del que fue candidato presidencial en 1988.

Una decisión que reunió a personas de distintos orígenes y contribuyó a devolver a millones la esperanza para transformar a México.

Esa convicción lo llevó a cuestionar al autoritarismo y a enfrentar el abandono de los compromisos sociales del Estado.

Frente a las políticas neoliberales defendió la responsabilidad pública de combatir la desigualdad y creó un nuevo proyecto de nación.

En Cuauhtémoc Cárdenas esa manera de asumir la vida pública tenía raíces profundas.

El ejemplo del general Lázaro Cárdenas del Río y de doña Amalia Solórzano estuvo presente en su sensibilidad social, en su nacionalismo y en su compromiso con quienes enfrentaban las mayores injusticias.

Afrontó consecuencias e hizo suyas la defensa de la soberanía, la cercanía con las causas populares y la convicción de que el Estado debe servir al bienestar colectivo.

Desde la izquierda sostuvo una idea de democracia inseparable de la justicia social. El derecho a elegir debía permitir al pueblo decidir también sobre la economía, el patrimonio nacional y las condiciones de su vida.

La libertad política debía traducirse en posibilidades reales de vivir con dignidad.

El año 1988 significó una experiencia que trascendió la contienda electoral. Nos mostró a un pueblo dispuesto a participar, a exigir respeto y a reconocerse como protagonista de su historia.

Su liderazgo ayudó a convertir esa esperanza en organización y compromiso.

Ante el fraude que llevó a la Presidencia a Carlos Salinas de Gortari, sostuvo la lucha democrática por la vía pacífica. Hoy valoramos profundamente la responsabilidad de esa decisión.

Encabezar una movilización popular exige responder a las expectativas de las personas, pero también cuidar su vida y preservar las posibilidades de continuar. Él asumió esa responsabilidad con entereza.

La fundación del Partido de la Revolución Democrática en 1989 dio continuidad a aquel esfuerzo y reunió a una parte fundamental de las izquierdas mexicanas que lo llevarían por segunda y tercera ocasión a ser candidato a la Presidencia.

Este homenaje pertenece también a quienes sostuvieron esa lucha en condiciones adversas, a quienes sufrieron persecución por un régimen autoritario y a quienes perdieron la vida por conquistar libertades.

En 1997, su elección como primer jefe de Gobierno del Distrito Federal por voto popular confirmó el alcance de aquella perseverancia.

La ciudadanía conquistó el derecho a elegir a su gobernante y la izquierda abrió una nueva etapa en la vida de la capital y del país. El régimen democrático que hoy tenemos debe mucho a esas luchas.

Los cambios posteriores que encabezaron el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y la Presidenta Claudia Sheinbaum fueron posibles porque generaciones enteras abrieron espacios, resistieron y organizaron la esperanza.

En esa historia colectiva, Cuauhtémoc Cárdenas ocupa un lugar indispensable que debemos reconocer con honestidad y gratitud. Su ejemplo sigue siendo una referencia.

Cuauhtémoc Cárdenas fue uno de los hombres fundamentales en el México de hoy. Fue un líder histórico del México moderno.

Fue el hombre que encendió la chispa de la esperanza ante un régimen autoritario y anquilosado. Fue el gran precursor de la gesta democrática contemporánea. Él dio los primeros pasos para la actual transformación de la vida pública de México.

Miles lo siguieron. Lo seguimos con el corazón en la mano.

Encarnaba nuestra historia e hizo conciencia. Él fue el primer opositor en décadas en llenar el Zócalo y todas las plazas del país.

Entre otras, nos obligó a redefinir lo que entendemos por un héroe. A partir de su ejemplo, en México un héroe es también el que sabe resistir fraudes, calumnias, campañas de odio y no pierde la cabeza ni la dignidad.

Al ingeniero Cárdenas se le aplican estos versos que Carlos Pellicer escribió sobre Simón Bolívar:

“Y si una flor silvestre puede dejarte ahora, es porque el pueblo siente que en su esperanza adulta tu fe le dará cantos para esperar la aurora”.

Abrazo con cariño a la familia Cárdenas Batel.

México está de luto, es cierto, pero su enseñanza, su amor a la patria, sus principios y sus ideales seguirán con nosotros.

¡Que viva por siempre el gran demócrata de México, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano!

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