Mientras Anthropic, OpenIA, Google y Grok sacan semana con semana un nuevo modelo que supera al anterior con creces, los expertos advierten que es imperativo ponerle un freno a la carrera tecnológica.
Hace poco menos de un mes, OpenIA anunció que había resuelto uno de los problemas del milenio: las ecuaciones de Navier-Stokes, utilizando unos diez mil agentes y poco más de 88 horas. Pero esto abrió la caja de pandora: ¿Hasta qué punto vamos a dejar que las IAs crezcan?
Algunos analistas de seguridad de las empresas más importantes, e incluso los mismos CEOs, han subrayado la peligrosidad de las inteligencias artificiales, sosteniendo además que se deberían instaurar regulaciones claras para las mismas. Y aunque estas declaraciones ponen en evidencia la buena voluntad en un tuit, la idea se desvanece en el aire mucho antes de poder concretarse.
Trump, presidente de Estados Unidos, rápidamente sostuvo que no hay necesidad de regular la IA, debido a que esto ralentizaría el progreso humano, además de tratarse de una tecnología segura. A la brevedad, Xi Jing Ping también se pronunció a favor de no parar la IA e incluso incrementar los recursos invertidos para hacerla más poderosa.
Es un hecho que con esto se abre una disyuntiva muy fuerte, pues quien domine la carrera por la IA puede brindarle más seguridad a su población y, por ende, a su Estado. Personalmente, esta situación me parece equiparable a la creación de la bomba nuclear.
En ambos escenarios, los estados no compiten simplemente por tener la bomba más poderosa o el mayor número de inteligencias artificiales; simplemente compiten por no ser atacados, por siempre tener algo más poderoso que el enemigo para que se la piense dos veces antes de agredir. A esto se le conoce, principalmente en las Relaciones Internacionales, como “el dilema de seguridad”.
Ahora bien, ¿qué tan seguro es tener algo que a plena luz del día y con las advertencias de los expertos y de los mismos CEOs puede ser peligroso? Es un hecho que nosotros como simples mortales tenemos acceso a una versión de la IA “bastante limitada”, comparada con aquello a lo que tienen acceso el Departamento de Defensa o los laboratorios de las grandes tecnológicas.
¿Cómo ralentizar algo tan poderoso sin perder terreno en el panorama internacional frente a China? Ahí radica el gran problema, el cual nos regresa al paralelismo con las armas nucleares. Tal como en la Guerra Fría, tu enemigo siempre va a querer tener más que tú; por lo que tienes que producir siempre más y mejor, simplemente por seguridad.
Lo que es un hecho es que esta carrera de IAs va a revolucionar al mundo en todos los aspectos. Diversos especialistas sostienen que será equiparable a la revolución industrial, la llegada de la luz y el inicio de la agricultura, todo junto. Porque lo que no podemos obviar es que llegó para quedarse y que lo hizo increíblemente rápido. Basta con evaluar que hace apenas cinco años no estábamos frente a este dilema.
Creo sinceramente que con los modelos que tenemos hoy en día a nuestra disposición solo estamos viendo la punta del iceberg; aún no hemos visto nada. Nos estamos metiendo en la boca de algo que a simple vista parece ser un lobo; sin embargo, la realidad es que no tenemos ni la más remota idea de lo que es. Puede tratarse de un dragón, un unicornio, o un agujero negro… ya lo veremos.



